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Mostrando las entradas de marzo, 2022

Cumbia

  Porque mi adolescencia la disfruté también escuchando “el que no salta es un cheto”, del rey de la Cumbia Villera. En esa época no era ningún rey. Vivía a 3 cuadras de mí barrio, un barrio de muy mala fama hasta hoy en día, pero existían los códigos. Se escuchaba cumbia durante el día en las veredas mientras jugábamos a la pelota en la calle.   Hasta qué veíamos a lo lejos un Mitsubishi último modelo amarillo imponente.   “Mirá, ¡ahí viene Pablo!”, alertaba un amigo. Entonces dejábamos la pelota un segundo y nos íbamos rajando a rodearle el auto como chicos embobados frente a un famoso que era del barrio. “¡Pablo, Pablo! Un saludo, ¡Pablo!”. Entonces el Mitsubishi amarillo paraba y se bajaba el vidrio polarizado del conductor   -Hola chicos, cómo andan?, Qué andan haciendo? -Pablo sos un genio, Pablo! Me firmás la remera? -Bueno, pero mirá qué no sale, eh. -Gracias Pablo, sos lo más! Mandanos saludos en la tele. -Gracias, gracias… Bueno, m...

Lo que no pudimos

  ¿Alguien se puso a pensar en todo lo que no pudimos hacer en estos tiempos? Los familiares que no visitamos, los amigos que no vimos, los asados que no comimos, las juntadas que no organizamos, los pelis en el cine que no vimos, los mates que no tomamos. Las calles que no caminamos, las rutas que no viajamos, las montañas que no trepamos. ¿Cuántas birras compartidas nos perdimos?, ¿Cuál fue el último abrazo que nos dieron?. Si mis cálculos no me fallan, mi boca lleva 94 veces sin decir “¿Cómo andan?” Mis piernas redujeron al 95% sus trotes y mis manos descendieron a cero el número de saludos. Mis codos muy cada tanto tienen acción, pero mi boca sigue tapada. ¿Cuántos domingos sin familia llevamos? O cuántos domingos sin cancha, sin bombo y bandera. Alguien se puso a pensar cuántas tarjetas SUBE dejaron de cargarse. Cuántos vestidos a estrenar siguen guardados en el ropero… Como este es un texto que no terminé de escribir, voy a dejar que lo sigan ustedes, comentan...

Let it be

  Ayer me pasó algo muy fuerte conmigo mismo. Estaba escuchando la radio en el trabajo y al escuchar una canción muy emotiva y melancolica me puse a llorar. Simplemente me puse a llorar como un niño, no sé verdaderamente por qué, pero últimamente me está pasando seguido cuando estoy solo y escucho una melodía sensible. Quizás el sensible sea yo, es que con el ritmo acelerado de la vida nunca me detuve a digerir los momentos más importantes de mi vida. Nunca me tomé el tiempo ni las lágrimas necesarias para asumirlo en ese momento. Entonces ahora con una canción triste lloro. Mientras voy manejando, cuando estoy en el trabajo o simplemente despertando de una siesta en casa, lloro. Cualquier incentivo emocional hace que me sensibilice y piense en todos esos momentos lindos y feos que pasé. Y simplemente me dejo caer una lágrima, a veces dos, y hasta tres. La muerte de seres queridos, grandes amores, peleas familiares o la pérdida de amigos, todo se resume a ese llanto fuera de ...

Promoción Coronavirus

  El otro día estábamos hablando con mis ex compañeros del secundario sobre lo maravilloso que fue el último año juntos, el año en el que nos egresamos. Y coincidimos en que fue nuestro mejor año del secundario, siempre tendremos de por vida ese recuerdo, de haber sido el año en que más me divertí en el colegio. Y me puse a pensar, me puse a pensar en que este maldito año de cuarentena también se va a llevar por delante la felicidad de miles de pibes que en este momento se deberían estar juntando para decidir en qué lugar hacer la fiesta de egresados, a qué hotel ir en su viaje a Bariloche. Cómo va a ser el buzo de egresados, si con cierre o canguro. Claro u oscuro. De las ferias del plato de los viernes para recaudar fondos. Y muchas cosas más con las que fuimos felices el último año del secundario. También me puse a pensar cómo esta camada se acordará de su último año del secundario. “Yo soy promoción Coronavirus”, dirá uno en unos años. “Yo soy promoción Gripe Porcin...

La negación de Pedro

  El apóstol Pedro, mano derecha de Cristo, creía en él a rajatabla. Pero un día, cuando Cristo está en la cruz, y la cosa se pone fulera, Pedro niega conocerlo, no solo una vez, sino tres veces.   “Pedro está negando cosas en las que cree profundamente, no por amor, ni por táctica. Lo hace por miedo, por cobardía, y cuando a uno lo toma el pavor, el terror, sus principios se los tiene que meter en el mato, por no decir otra cosa. Porque para obedecer “al Señor” es menester tener decencia y coraje, todo lo que Pedro no tuvo en ese momento.   Muchas veces obedecer “al Señor” es obedecerse uno. Traicionar un principio es traicionarse uno mismo. Negamos ver la realidad por temor a la pérdida de algo o alguien. Tenemos miedo a caernos, pero para curarnos de algo ES NECESARIO CAERNOS.