Cumbia

 

Porque mi adolescencia la disfruté también escuchando “el que no salta es un cheto”, del rey de la Cumbia Villera. En esa época no era ningún rey. Vivía a 3 cuadras de mí barrio, un barrio de muy mala fama hasta hoy en día, pero existían los códigos. Se escuchaba cumbia durante el día en las veredas mientras jugábamos a la pelota en la calle.

 

Hasta qué veíamos a lo lejos un Mitsubishi último modelo amarillo imponente.

 

“Mirá, ¡ahí viene Pablo!”, alertaba un amigo. Entonces dejábamos la pelota un segundo y nos íbamos rajando a rodearle el auto como chicos embobados frente a un famoso que era del barrio.

“¡Pablo, Pablo! Un saludo, ¡Pablo!”.

Entonces el Mitsubishi amarillo paraba y se bajaba el vidrio polarizado del conductor

 

-Hola chicos, cómo andan?, Qué andan haciendo?

-Pablo sos un genio, Pablo! Me firmás la remera?

-Bueno, pero mirá qué no sale, eh.

-Gracias Pablo, sos lo más! Mandanos saludos en la tele.

-Gracias, gracias… Bueno, me tengo que ir, nos vemos. Pórtense bien, chicos.

 

Y seguíamos raspándonos las rodillas en el asfalto, jugando a la pelota o a la escondida hasta que se vaya el sol y ya no se viera nada.

Entonces por más que pase el tiempo, por más que durante el transcurso de mi vida conozca otra gente y viva en otro lado, yo nunca me tengo que olvidar dónde crecí, donde jugué, ni dónde me crié. Porque además de tener un sentido de pertenencia, yo fui muy feliz en esa etapa y disfruté mucho mi infancia y adolescencia.

Porque a pesar de que hoy a veces sea crítico respecto a algunos problemas sociológicos, no podré engañarme nunca y ocultar lo que alguna vez fui.

Comentarios