Un viejo choto
A veces me gustaría ser viejo. Pero no un viejo cualquiera que deja pasar el tiempo y nada más. Me gustaría ser un viejo… un viejo hijo de puta. Esos viejos que no se guardan nada, que ya no tienen pelos en la lengua. Porque a los viejos se les perdona todo, porque son viejos.
Cuantas veces nos mordemos la lengua para no mandar a la mierda a alguien. Con cuanta cantidad de pelotudos nos cruzamos en la vida sin hacérselos saber. Porque al pelotudo te dan ganas de decirle “che sos un pelotudo”. Pero no podemos, o sí podemos pero quedas como un sorete, como un mal tipo. Porque encima el pelotudo te hace quedar mal a vos, hasta ese tupé tienen.
En cambio si sos viejo te chupa todo un huevo, entendes? No te importa ya el qué dirán, y te descargás, te descargás por todos los años que te aguantaste.
El otro día entré a una ferretería y llegué justo en el momento en el que el ferretero mandaba a la mierda a un cliente, y este ferretero, aparte de ser viejo es un verdadero hijo de puta, ya no le importa nada. Parece que el cliente le fue a devolver algo que estaba en mal estado, y el viejo ferretero se lo negaba. Bueno, palabra va, palabra viene y al viejo se le cortó la cadena y le empezó a decir una cantidad de insultos increíble, pero realmente increíble, parecía una sinfonía clásica como sonaba. Porque hasta suena bien escuchar a un viejo discutir e insultar.
Yo no podría, hoy a mi edad no podría hacerlo. Al menos no con tanta facilidad.
Pero qué lindo poder hacerlo sin sentir ninguna culpa.
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