La radio y mi viejo
Cuando yo era chico, los domingos me gustaba escuchar los partidos de Racing con mi viejo. No teníamos televisión con cable, entonces al viejo no le quedaba otra que escucharlos. Él me decía que por la radio los partidos tenían más emoción, no importaba si el partido realmente era un embole terrible, en la radio todo era diferente!
Y el viejo tenía razón… Porque encima el relator, ese loco desaforado con el micrófono, me hacía ver una película increíble! Yo lo veía el partido, me lo imaginaba en mi mente, como si todos los domingos se jugara una final del mundo. A veces mi vieja se quejaba por el volumen, entonces mi viejo ponía la radio bajita, de fondo…
“Total si hay un gol nos vamos a dar cuenta”, me decía mientras leía el diario. Entonces, por ahí, de fondo, se escuchaba un tenue “goooool” muy bajito y enseguida el viejo subía al mango la radio para rompernos los tímpanos. Y uno nunca sabía quién carajo había metido el gol, si Racing o el rival. Porque la radio ya estaba de fondo, con el tono bajito del relator que te hacía perder en la nada. Entonces hasta que el tipo no terminara de gritar el gol, ese gol interminable, no sabíamos quién carajo lo había hecho.
Mirábamos la radio como si el partido se jugara allí dentro, en ese pequeño aparato electrónico, como si 22 tipos se mataran ahí adentro…
Hoy extraño esos domingos de radio, esa imaginación inalcanzable que me brindaba la radio, esa pasión impagable que siempre me dio.
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