En la cancha
Mi corazón latía cada vez más rápido, sentía que golpeaba muy fuerte sobre mi pecho, como si quisiera arrancarse de mí para poder estallar. Algunos lo llaman arritmia o taquicardia, pero esto era algo más que eso…
La piel me transpiraba más de lo normal, y no por haber entrado en calor, porque hasta las palmas de mis manos chorreaban agua. Nos íbamos acercando al campo de juego juntitos, bien juntitos, mientras podíamos oír nuestra propia respiración. Esa respiración fuerte, nerviosa, como queriendo soltar ese ahogo que teníamos acumulado hace tiempo. Entonces llegamos debajo de los postes, y allí el tiempo se detuvo, se paralizaron nuestros corazones, como si flotáramos en el espacio mientras sentíamos el alrededor en cámara lenta…
Nos abrazamos tan, pero tan fuerte, que esa adrenalina se pudo sentir hasta en la tribuna, y eso lo puedo asegurar porque también he estado allí. Entonces ya no pudimos esperar más y entramos a la cancha como tigres hambrientos…
Comentarios
Publicar un comentario